viernes, septiembre 10, 2010

Los Dueños del Lago (Paola Vanesa Giardina)

Tuvimos la fortuna hace unos años de viajar con Andre de vacaciones a Bariloche. La sorpresa y la tristeza fue muy grande cuando llegamos a la zona del Lago Gutiérrez. El lugar es hermoso, pudimos bañarnos en el lago y disfrutar de un día maravilloso, pero lamentablemente el acceso al lago está limitado a una playa pública de unos 100 metros, con un bar y un señor que alquila canoas por hora. Cansadas de tanta gente amontonada en un espacio tan reducido, decidimos recorrer sus márgenes hasta hallar una zona más tranquila.

Pero para recorrerlo debimos salir hacia la calle de tierra, a unos 70 metros del lago, desde donde se veía el agua privada tras unos bellos bosques de pinos, sin tener acceso al lago hasta caminar varios cientos de metros. Toda la zona está ocupada y es inaccesible. Toda la margen del lago está plagada de imponentes chalets y casas de veraneo, que han hecho de la orilla del lago su muelle particular, forjando allí los límites de su propiedad, y han talado y siguen talando cientos de árboles centenarios para construir sus impresionantes mansiones. El ruido de las maquinarias en las construcciones monumentales y el sonido ensordecedor de las sierras talando hermosos ejemplares irrecuperables nos hicieron llorar. Lo veíamos y no podíamos creer lo que nuestros ojos nos mostraban. Y todo el sur en Argentina es más o menos similar.

Nuestra Patagonia está pasando a manos privadas sin restricciones, estamos perdiendo nuestros paisajes, nuestros recursos, nuestras tierras. No solo se privatizó el lago, sino que se está deforestando una hermosa zona virgen sin censura y sin control. Hablando con la gente de la zona, habitantes que hace años que viven sobre la loma, cerca del lago pero no sobre sus orillas, nos dijeron que eran negocios inmobiliarios multimillonarios, con gente del gobierno involucrada, y que el tema era irreversible: “están vendiendo las orillas del lago con sus bosques y todo, nos están dejando afuera, no podemos acceder a él, ni disfrutarlo, ni evitar esta locura”, nos decían.

¿Habrá forma de frenar tal atropello a la naturaleza, a los derechos de todos a sentarse frente al lago a disfrutar de su belleza, a respirar el aire puro y gozar de la sombra hermosa que estos árboles nos pueden proveer a todos, de oír el canto de los pájaros que allí se posan, de evitar que nos quiten la tierra? No tengo muchas esperanzas cuando hay tanto dinero en juego: esta gente tiene las manos sucias de billetes y lo que menos hacen es pensar en el bien común o en la ecología, o en el futuro de ese ecosistema devastado por maquinarias que incesantemente trabajan, día y noche, haciendo pozos en la tierra, talando árboles y levantando paredes de cemento en una zona que debería ser protegida. Por eso este viaje nos dejó un sabor amargo, porque nos enteramos de una realidad que nos entristeció mucho realmente.

Les dejo una fotografía que tomamos del Lago Mascardi, otro de los bellos lagos de nuestro sur.

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